martes, 14 de abril de 2009

Entre barricadas y celebraciones de agua

Bangkok ha pasado en los últimos días por una proceso esquizofrénico. Por un lado los manifestantes antigubernamentales montaban barricadas, quemaban neumáticos y robaban autobuses; mientras los soldados los perseguían con gases lacrimógenos y disparando sus armas al aire. Por otro lado, tailandeses y turistas celebraban el año nuevo budista o fiesta del agua, ignorando el estado de excepción.
Las manifestaciones comenzaron hace casi tres semanas. Miles de personas, que pedían la dimisión del primer ministro, bloquearon la sede del Gobierno tailandés. El sábado pasado, los manifestantes, conocidos como los "camisetas rojas", reventaron la cumbre asiática que reunió en Tailandia a los mandatarios de China, Japón, Corea del Sur y Australia, entre otros.
Las protestas habían transcurrido hasta este momento en un tono festivo. Con puestos de comida y conciertos en los alrededores del palacio gubernamental. Pero muchos manifestantes pasaron de la táctica de las manoplas, que agitan para hacer ruido en sus mítines, a la de las barricadas y los neumáticos quemados.
El pasado fin de semana, los detractores del Gobierno comenzaron a cortar calles, lo que creó un caos de tráfico en diversos puntos de la ciudad. El lunes de madrugada el Ejército cargó contra los manifestantes cerca de la sede del Gobierno, dejando casi cien heridos. Otras dos personas murieron ayer, al parecer, por los disparos efectuados por manifestantes.
También indiferentes al estado de excepción, cientos de tailandeses y turistas celebraban el año nuevo budista, que ha sumido algunas calles en una batalla con cubos, mangueras y pistolas de juguete. En las zonas de bares, los clientes celebran la fiesta con alcohol y disparos de agua entre la multitud en algo así como una gran fiesta de camisetas mojadas.
Además, Bangkok se ha vuelto una ciudad mucho más transitable, ya que la festividad del agua, conocida como "Songkran", se convierte en un éxodo de muchos tailandeses a sus pueblos natales.
"Lo estoy pasando muy bien durante la fiesta del agua, recomiendo a todos los turistas que visiten Tailandia en estos días", comentó Marlon Pulido, un turista colombiano de 28 años. "La mayor parte de la ciudad está tranquila, no hemos tenido ningún problema; las protestas se encuentra lejos del centro y no nos afectan".

No lo vio así el Ministerio de Asuntos Exteriores español, que recomendó no viajar a Tailandia durante la crisis y que se quedasen en sus domicilios u hoteles quien se encontrara ya en el país asiático.
Sin embargo, no está claro cuando volverá a prender la mecha de los disturbios o las protestas. La sociedad tailandesa está profundamente dividida desde el golpe de Estado que defenestró al ex primer ministro Thaksin Shinawatra en septiembre de 2006.
Los opositores de Thaksin, conocidos como los "camisetas amarillas", se manifestaron el año pasado durante siete meses. Ocuparon durante tres meses la sede del Gobierno -a diferencia de los "rojos", que se han mantenido en las calles adyacente- y cerraron los dos aeropuertos de Bangkok durante una semana. De esto último se acuerdan los 300.000 pasajeros que se quedaron en tierra, decenas de ellos españoles. El Tribunal Constitucional disolvió al anterior Ejecutivo por fraude electoral y terminaron las protestas.
Ahora son los rojos los que han protestado contra el Gobierno. Piden elecciones anticipadas. En mi opinión, una demanda más sensata que el "Nuevo Orden" que pedían los amarillos. Éstos abogaban por un sistema político menos representativo y más controlado por los grupos profesionales, el Ejército y la monarquía. Según ellos, los campesinos no están suficientemente formados para ejercer plenamente el derecho de voto.



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